Pepa Horno Goicoechea

Pepa Horno Goicoechea

Cuento para los asistentes a la conferencia

Así comienza el cuento que mi hijo inventó para los asistentes a una conferencia que di esta semana en Palma. Mi conferencia hablaba de los vínculos afectivos en los niños y niñas adoptados en unas jornadas organizadas por la ABAP sobre adopciones. Unas jornadas en las que se respiraba ese aire especial y único que sólo se da en los espacios donde familias y profesionales se sientan a escucharse mutuamente.

Y mientras esperábamos en la puerta de las jornadas a que nuestra querida Anna llegara para llevarse al parque a José mientras yo hablaba, él me dijo, «mamá quiero escribirles un cuento a los asistentes a la conferencia».

Y el cuento dice así:

«CUENTO PARA LOS ASISTENTES A LA CONFERENCIA
En un mundo lejano en un castillo érase una vez una princesita muy miedosa. Sus padres le cuidaban. Un día tenían que ir de viaje. La princesita dijo «no quiero que os vayais» y sus padres le dijeron que se tenía que quedar con una cuidadora del castillo. El castillo tenía un dragón y la princesita, a pesar de su miedo, empezó a darle de comer y a acariciarle y así se hicieron amigos y comieron perdices».

El cuento lo creó sobre un cuento que le regaló su padrino por su santo, pero a mí me pareció increíble el detalle y justo que eligiera ese contenido en unas jornadas como aquellas. Así que le pedí permiso y lo cuelgo aquí como regalo para todos los asistentes a todas las conferencias 😉 que he dado.

Hemos pasado unos días de sol increíbles en Palma, él se ha bañado todos los días como valiente que es y yo he absorbido el sol que echaba de menos entre tanta lluvia madrileña. Un gozoso regalo poder ir con él y tener maravillosas «canguras» a las que poderselo confiar mientras yo trabajo y con las que pasear y jugar al sol.

Las illes Balears tienen una parte esencial de mí y es un regalo que formen igual parte de la vida de mi hijo. Él no paraba de decir que le gusta viajar conmigo y que se lo estaba pasando muy bien.

Y una conversación a la vuelta que no tiene desperdicio, bajando del avión.
A las azafatas:
-Adiós, sois muy majas!
Y una señora le dice entre risas:
-Tú sí que eres un cielo. Además yo tengo un hijo como tú.
-Y dónde está?
-En el cole, en Palma.
-Y quién le recoge?
-Su papá, mientras yo trabajo hoy en Madrid.
-Nosotros no tenemos papá.
-Ah, no?
-No, pero tenemos mucha gente que nos quiere. Así que cuando mi mamá trabaja como tú me recoge en el cole la tía tere, Norma, la tía Ana, Belén…
-Qué suerte tienes entonces!
-Mucha.

Todo esto ante mi alma emocionada y silenciosa.

Lo dicho, venimos de unos días de mucha luz. Es como llenarse de sol, pero no sólo por fuera, sino por dentro.
Pepa

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Optimismo patológico

Parece que el día de hoy va de la alegría.

Mi hijo y yo nos hemos levantado riendo sin parar, abrazados, él se ha reído, yo con él. Él estaba feliz porque ha afrontado su miedo a Harry Potter y ha salido victorioso, le ha costado tres días de pelear en sueños con Voldemort. Pero ayer no hubo sueños ya. Y su sonrisa era grande, luminosa.

He ido a comprar una barra de pan y la panadera me ha preguntado: «¿Cómo estás?» Le he contestado «Muy bien». Y entonces me ha sorprendido su respuesta: «Qué gusto escuchar algo así… Mi marido es muy pesimista y yo siempre trato de explicarle que su visión de la vida nos resta fuerzas…»

Me conecto al ordenador y alguien me regala esta frase de Isabel Allende:
«Memoria selectiva para recordar o bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente y optimismo desafiante para encarar el futuro»

En varios blogs que sigo sobre resiliencia, me encuentro post que hablan de la risa, la alegría, la motivación, las endorfinas y la oxitocina como motores de la vida y del cambio.

Y sólo son las 10.43 de la mañana.

Y entonces recuerdo una vez más el porqué de mi opción por la alegría. Y que en los talleres a profesionales, siempre les digo que para trabajar con personas hace falta ser «optimista patológico» quedarse siempre con el vaso medio lleno, con el caso con sentido, con la sonrisa de ese niño al que le diste esperanza, con el abrazo de quien no supo explicártelo con palabras..

..porque esos motivos para el vaso medio lleno no son inventados, ni ilusos. Existen y tienen sentido. Sólo hay que elegir verlos, perseguirlos, optar por ellos. Es la única manera de poder trabajar con personas.

Quizá el único modo de ser feliz.

Porque lo demás: el miedo, la parálisis, la tristeza, la rabia…ya nos la inculcan de sobra, por todos lados. Y la vida ya se encarga de recordarte de vez en cuando cuánto puede llegar a doler, hasta dejarte sin aliento como un puñetazo en el estómago, hasta doblarte, hasta hacerte sentir pequeña y miserable.

Pero luego llega el sol de invierno, y me calienta el rostro. La risa de mi hijo. El rostro amigo. La caricia de su profesora a mi hijo. El parque que veo por la ventana. La conversación con la panadera. El mensaje de una amiga. El mail de alguien que te escuchó en un taller.

Y siguen siendo las 10.47.

Y de nuevo vuelves a lo mismo: hay que elegir.

Optar. Optar por vivir o por morir. Optar por amar o por esconderse. Por el valor o el miedo. Por la alegría o la tristeza. Porque son esas opciones las que marcan una vida.

Pepa

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México y sus sorpresas

Aquí estoy, sentada en un ordenador en México DF un rato antes de dar el último taller de este viaje. Un viaje en el que nada, y es literal lo que digo, NADA, ha salido tal y como estaba planificado. Y sin embargo todo ha salido bien. De hecho muy bien.

Hace tiempo que vengo practicando el arte de ¨fluir con la vida¨ que a veces resulta arduo, pero que ha cambiado mi forma de estar en el mundo. Esa capacidad de fiarse, de no tener miedo, de confiar. Y este viaje me ha puesto a prueba en ese sentido. Vaya un ejemplo. LLegar a una sala con más de 100 personas a las que en teoría vas a dar una sesión de cuatro horas, sentarte en la mesa presidencial y descubrir mientras la maestra de ceremonias (sí, estilo mejicano) lee extensa y pormenorizadamente tu curriculum un papel encima de tu carpeta con el programa de la jornada, en el que han dejado tu intervención reducida a una hora y el acto completo a dos. Fluir con la vida se traduce en respirar muy hondo, pero mucho, no mirar a la organizadora que te acompañaba y que está tan fuera de juego como tú y empezar a pensar rápidamente en cómo reconducir tu intervención. Por suerte, la exposición de mi curriculum fue larga y pude resituarme antes de empezar a hablar. Al final salió muy bien y escuché intervenciones de la gente de esas que le dan sentido a lo que hago, como escuchar a una madre decir ¨hasta el día de hoy no había comprendido que estoy repitiendo los patrones en que me criaron mis padres con mis hijos, y no quiero hacerlo, ahora mismo me siento mal, pero lo voy a cambiar¨. Hace falta una valentía enorme para hacer consciente eso, y mucha más para decirlo en público.

Hay más ejemplos, una conferencia que estaba prevista a las once, llegamos y la han cambiado a la una sin avisar, pero sobre la marcha deciden adelantarla y acabo hablando a las once y media. Un viaje que estaba previsto para hora y media son tres horas. Entrevistas que no me iban a hacer y acaban haciéndome. Conferencias que están previstas y me había preparado, llego y me dicen que se han suspendido, pero el día anterior a las diez de la noche cuando ya se han organizado otros eventos, llaman para decir que sí se hacen. Y suma y sigue. Por no hablar de acontecimientos recientes de la vida política mejicana que han puesto patas arriba al sector de educación, y que conllevan más y más cambios.

Y durante toda la semana me he estado preguntando por qué, cómo es posible semejante nivel de improvisación, de informalidad..y al final siempre llego a lo mismo. Al estilo mejicano, ése que da veinte rodeos para no decirte nunca que no a la cara, ese que utiliza un diminutivo cada dos palabras ¨ahorita, un minutito, me hace un favorcito…¨ Y siento que debe ser muy difícil llegar a consensos, desarrollar proyectos o sistemas coordinados de protección en un entorno donde hay que mantener siempre la compostura, no ser ´rudo´, y no decir ´no´ de frente aunque sí lo hagas de hecho. En muchos sentidos me recordaba a lo que viví en el sudeste asiático, donde antes de comenzar a dar los talleres me explicaron que nunca le preguntara a los asistentes si habían comprendido o no, porque siempre me dirían que sí, fuera así o no. Tenía que hacer ejercicios para asegurarme de que habían comprendido los conceptos en la práctica sin preguntarlo de cara. Eso sí, la sección de ¨preguntas o dudas¨ era siempre brevísima. Aquí en México no lo es. Aquí mi experiencia es que cuando la gente entra en los talleres se implica de verdad y preguntan y preguntan y preguntan. Y me he encontrado con regalos impagables en esas preguntas, o con gente que se me acerca al acabar el taller y me dice ¨me deja que le dé un abrazo¨ o con gente y gente que quiere fotografiarse conmigo.

Pero cuando me topo con estos contextos y dinámicas socio culturales, aquí y allí, siempre pienso que no es casual que se relacionen con los países con altas cifras de violencia, sobre todo intrafamiliar. La violencia es algo universal, no tiene que ver tanto con una cultura u otra sino con la forma en que manejamos el poder en nuestras relaciones afectivas. Pero la promoción de las alternativas a la violencia sí depende del contexto social donde trabajas. Promover formas de relación afectivas y sanas viene condicionado a la posibilidad de relacionarse de una forma honesta, de sentirse seguro para poder decir lo que piensas y saber que vas a ser aceptado y respetado, con la posibilidad de poder exponer el desacuerdo o las necesidades de una forma tranquila, con la posibilidad de poder confiar y dejarse en el otro…y todo eso sí que hay entornos que lo favorecen más que otros. En mi experiencia, los lugares donde el control social y los estereotipos sociales son más rígidos y están más arraigados son en los que encuentro una problemática mayor de violencia.

Pero, volviendo a mí y a mi viaje, al final en todo esto, lo único que cuenta es si decides reír o llorar. Si decides adaptarte a lo que hay y sacar lo mejor de lo que llega, o si decides enfadarte. Y lograr optar por lo primero depende en el fondo de cómo estés, de las fuerzas que tengas, de tu paz interior. Así que hubo suerte. Vine en paz. Pero hacía tiempo que no vivía un viaje tan surrealista en este sentido. Y sin embargo, un viaje que al final ha resultado bueno, divertido, pleno de vivencias y ha generado compromisos de continuidad.

Este es mi segundo viaje a México. La primera y única vez que vine estuve sólo en el DF, y a pesar de que he viajado mucho estos años a distintos lugares de Centroamérica, no había vuelto a México. Esta vez he viajado a Toluca y a Puebla. Este viaje es el resultado del trabajo de mucho tiempo de una mujer, Silvia, que dirige Educadores sin Fronteras, aquí en México, y que se empeñó cuando nos conocimos hace ya cinco años en traerme, y al final lo consiguió. Y estoy convencida de que éste va a ser el primer viaje de muchos porque es un punto y aparte de un camino muy largo que anduvo ella casi en soledad. Es algo así como un lanzamiento público y creo que ha salido como ella merecía, ella y quienes trabajan con ella.

Recuerdo que mi impresión del DF en aquel entonces fue el de un lugar inhóspito para vivir, la contaminación, el tráfico, el ruido…y sin embargo ahora lo he sentido mucho mejor, a pesar de todos los problemas. Es como si hubiera más luz, a pesar de que el país está convulso y se nota en los talleres, en las conferencias, en las conversaciones y en las miradas de la gente.

Y ayer conocí Puebla, un lugar muy bello, del que, además de su gente, me llevo tres vivencias con las que acabo este relato. La vista desde la ventana del hotel San Leonardo (recomendación vehemente si viajáis a Puebla) de Puebla al amanecer, sus casas y sus gentes. El sabor de los camarones gigantes rebozados en nuez y bañados en mole. Un plato de los que recordaré siempre. Y el restaurante donde lo comimos ¨La casa de los muñecos¨ cuyo dueño, con un nombre tan curioso como Zabalinsky, nos dio una lección a nuestros prejuicios en forma de CD de música impagable.

Así que ya veis, todo salió diferente de lo programado, pero todo salió bien. Todo un regalo que renueva mi consciencia de privilegio. Más si cabe hoy, día 8 de marzo, día de la mujer trabajadora. Felicidades, mujeres valientes allá donde estéis.

Pepa

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Resiliencia

«Érase una vez una ardilla que intentaba subirse a la copa de un árbol, pero como el árbol era muy alto le costaba mucho, mucho, meses y años….(silencio)…pero al final lo consiguió, y llegó a la copa, y se asomó y vio que el mundo era bonito y estaba lleno de otros animales»

Ésta es la historia que mi hijo narró como parte de una evaluación neurológica que le han hecho en el Centro Neocortex (no olvidéis este nombre) y en la que han descubierto finalmente por qué le costaban tanto los deberes. Nada que ver con lo esperado, ni con su actitud, ni con su capacidad: los ojos, el oido, la coordinación motora..las vias de entrada al aprendizaje en los primeros años: las grandes olvidadas, las que pasan desapercibidas, las que no puedes ni imaginar. Ni tú ni la escuela.

Así que desde el lunes hacemos un programa diario de tratamiento de seis meses y luego le volverán a evaluar. En principio las dificultades habrán desaparecido. Él está contento porque sabe para qué lo hacemos y la posibilidad de que el cole no le cueste le parece maravillosa y porque son todo ejercicios físicos (cuando la neuróloga le dijo que le iba a poner unos ejercicios dijo gritando «¡Pero no voy a hacer ninguna ficha más!» y la neuróloga sabiamente le contestó «te lo prometo José, te prometo que no te voy a poner fichas»). Además de que uno de los ejercicios es colgarse de una barra que hemos puesto en casa y eso le parece lo más emocionante. Empezó sin poder aguantar ni 7 segundos en la barra, hoy ha contado hasta 32.

Tres días después de empezar el tratamiento:
Mamá, quiero sacar un diez en un examen, sólo por una vez, pero quiero hacerlo.

Conversaciones de esta semana en el cole de su profe con mi hijo:
Dime una cosa que te guste del cole- le pregunta la profesora a cada niño.
-Tú
-contesta él.

(algo más tarde, haciendo un ejercicio)
-¿A qué cosas le tienes miedo?
-A nada
-Pero no puede ser, todos tenemos miedo a algo
-Yo no
-Ni a esto, ni a esto..
(para variar tienen una ficha, pero hoy va sobre los miedos, un listado de cosas a las que pueden tener miedo, tienen que señalarlas, escribirlas debajo y decir una estrategia que usan para afrontarlo). José repasa el listado con la profe, y sigue diciendo «a nada«.
Bueno, quizá a veces algo a la oscuridad-añade finalmente.
-¿Y qué haces?
-Dormirme

Hoy por la noche:
¿Qué ha sido lo mejor del día?
-Estar en el cole
-¿Y lo peor?
-Hoy no ha habido nada malo
-¿Y algo bueno que hayas hecho por otra persona hoy?
-Ayudar a Carmen con sus deberes en el recreo. ¡Me los sabía, mamá, y la he ayudado!

No tengo palabras para describir la valentía de mi hijo. Así que por esta noche le he robado las suyas.

Otro día, si encuentro mis propias palabras, escribiré sobre el desgarro que provoca el dolor de los hijos.

Pepa

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Masajear los enfados

Hoy mi hijo ha dormido una siesta de casi dos horas en mis brazos. Hacía tiempo que no ocurría, ya tiene seis años y se me sube encima para consolarse, para las cosquillas, para abrazarnos, para bailar, cuando vuelvo de viaje, cuando tiene miedo…pero no para dormir.

Y es que sigue batallando con los deberes. Lo está luchando, y mucho. Él estaba acostumbrado a que todo salía fácil y rápido y ahora se encuentra haciendo fichas, fichas y fichas. Fichas que no le motivan, que no entiende y que le cuestan.

Él lo ha dicho hoy. Estaba haciendo una ficha (otra más, de hecho la sexta que tenía para este fin de semana) en la que tenía que escribir un cartel anunciando una tienda que iba a abrir y en la que sería especialista en algo. No lo ha dudado, «Soy especialista en animales. Y en saltar» (pero al final ha decidido abrir una tienda de peonzas, a la que ha llamado «La peoncera»).

Así que hoy en un momento se ha bloqueado y la conversación ha sido algo parecido a esto:
-¡No quiero hacer la ficha! ¡no la voy a hacer!
-Estás enfadado, verdad?
-¡Sí! (de espaldas)
-¿Y crees que podríamos hacer algo con tu enfado? ¿Crees que si le doy un masaje a tu enfado se pasará?

Así que ya veis, las cosas que hace una como madre: dar masajes a los enfados. Le he hablado a su enfado, diciéndole que le entendía, que a veces las cosas eran difíciles pero que necesitaba que se fuera para que José aprendiera un montón de cosas bonitas.. mientras le masajeaba la espalda. Cuando me he dado cuenta, José dormía en mis brazos.

Dos horas después se ha levantado y en diez minutos ha acabado sus deberes.

Y mientras lo sentía respirar en mis brazos pensaba infinidad de cosas. Pensaba lo rápido que pasa el tiempo, y los pocos ratos que me quedan de tenerlo dormido en brazos ya. Pensaba qué pena no tener como adulta alguien que te masajee tus enfados. Y qué pena también no ser capaz de ser siempre una madre masajeadora: cuántas veces se lleva gritos en vez de caricias, se las llevan su enfado y el mío, su impotencia y la mía.

Pero al menos hoy no. Hoy me llevo su cara…su cara al despertar…
Pepa

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Sólo un minuto para mojarse en un charco

Es algo más de un minuto…
..es el reflejo de lo más precioso de la vida…
..es toda una filosofia..
..es imposible no sonreír.
Lo difundo porque nos hace falta sonreír. Y recordar. Y mojarnos en charcos.
Ah! y alguien que nos espere y nos celebre el charco! sea perro o persona.
¡No dejéis de verlo! ¡Ni de sonreír!
Pepa

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Tengo que hacerlo mejor

En mi trabajo, en los talleres con familias, siempre hablo de la maternidad y la paternidad con consciencia. Esa opción que convierte cada pequeño detalle del día a día con un niño en una pieza de un puzzle con sentido.

Intento transmitir a las familias que no podemos criar un niño feliz si no lo somos nosotros ni podemos saber amar si nunca nos hemos sentido amados.

Le digo una y otra vez a la gente que quiere escucharme, sobre todo desde que mi hijo llegó a mi vida, que hace falta aprender y enseñar la compasión. Esa capacidad para sentir el dolor del otro y comprenderlo sin juzgarlo, incluso sin pretender solucionarlo, sólo con ese sobrecogimiento que nos llega ante el Dolor con mayúsculas, ése que nos supera y nos deja desarmados y desamparados.

Necesitamos enseñar a nuestros niños y niñas esa compasión y también a pedir ayuda. Cuántas veces nos mandaron a defendernos solos de titanes, de monstruos aterradores y otras fieras varias y qué angustioso sentir lo imposible que era salir indemne cuando el otro era mayor, más fuerte, más poderoso o lo queríamos más.

Y reforzar esa costumbre que tanto cuesta de ser pesados a la hora de expresar a quienes amas que los amas, para que puedan no sólo saberlo sino sentirlo, despertarse y acostarse fluyendo en esa certeza: la de ser elegido, y amado y cuidado.

De todo eso y de mucho más he hablado largo esta semana. He presentado en Zaragoza y Palma mi último libro «Un mapa del mundo afectivo: el viaje de la violencia al buen trato» rodeada de gente amada con la que conversé y de la que escuché cosas hermosas y de mucha otra gente desconocida e increíble que me lee sin conocerme o después de escucharme en una charla o en una conferencia, y luego compra mis libros y se acerca a que se los firme, haciéndome un regalo increíble. He impartido dos conferencias a más de doscientas personas y he impartido un curso a cuarenta y cinco educadores infantiles, además de entrevistas en la radio y la prensa.

Ha sido una semana agotadora pero llena de cuidados. Un tiempo de esos preciosos que hay en mi vida en el que tienes ocasiones diversas para palpar el sentido de lo que haces, lo que puedes ayudar a la gente, y recordar por qué elegiste esta vida y tus opciones de vida.

Lo irónico es que todo eso ha pasado en un momento de crisis personal como madre. Unos días en los que hay un pensamiento que sigue presente: tengo que hacerlo mejor. Una crisis no en general sino por el ajuste de mi hijo en el paso a primaria. Un problema muy habitual que se vuelve a ratos tarea de titanes, sobre todo cuando afrontas los deberes a diario e intentas lograr un equilibrio casi imposible. Un problema que me confronta con mi dificultad para manejar mi impotencia, mi falta de recursos ante algunas situaciones, mi miedo y mi desazón. Mi necesidad de acelerar los tiempos de mi hijo, mi dificultad para trabajar de la mano de un sistema educativo que no ha sido diseñado para adaptarse a sus ritmos sino para enseñarle a él a adaptarse al fijado de antemano, como una linea rasa, una tabla rasa y un nivel al que llegar. Y lo dificil que es encontrar un equilibrio entre trabajar de la mano de la buena gente que encuentras en ese sistema, y mostrarle a él la realidad tal cual es, obligarle a integrarse y al mismo tiempo no permitir que se sienta pequeño, indefenso, falible o lo que es aún peor, algo así como una persona que trae algún «defecto de fábrica».

Voy a copiar tal cual una conversación con mi hijo del miércoles por la mañana, entre un viaje y otro, llevándole al cole. Una conversación que creo que nunca debería de haber sido necesaria, pero que explica lo frágiles que somos y lo necesario de todo lo dicho al comienzo de este post:
– Mamá, ¿tú conoces a algún niño que lo haga todo bien?
-No, cariño, eso no existe, no hay ningún niño ni ningún adulto que lo haga todo bien.
-Sí, Carlos (uno de los niños más brillantes de su clase).
-No, cariño, tú conoces a Carlos en clase pero no sabes cómo es el resto del día y que haga bien unas cosas no significa que las haga bien todas. Además, ¿sabes qué?
– ¿Qué?
– Que a mí me da igual lo que haga Carlos, que a mí tú me pareces maravilloso tal cual eres, con todas las cosas que haces bien, las que haces regular y las que haces mal. Porque te quiero y no imagino ningún niño más increíble para mí que tú… Además, yo aprendo constantemente cosas de ti y tienes un montón de cosas que sabes hacer que ya me gustaría a mí saber hacer como tú.
-¿Como cuáles?
– Saltar a los árboles, silbar, hacer amigos con esa facilidad..
-…y mi buena memoria
-Efectivamente, esa memoria de gigante que tienes que te acuerdas de cosas de los animales que yo soy incapaz de memorizar…
-Te quiero, mamá
-Y yo a ti, cariño, con toda mi alma.

No tengo respuestas. No lo sé. Sé que el sistema está enfermo. Y que mi hijo, en parte por sus características y en parte por las del sistema, no acaba de ajustarse a él. Y no sé si estoy tomando las decisiones adecuadas, porque no acabo de tener claro qué es lo mejor que debo hacer como madre. Sólo sé que me acuesto por las noches pensando: «tengo que hacerlo mejor». No es que piense «puedo hacerlo mejor» ni «quiero hacerlo mejor» sino «tengo que hacerlo mejor». Porque de verdad siento que el amor está en cada detalle, que el alma y la sensibilidad de mi hijo y de todos los niños y niñas son frágiles. Y que se lo debo. Le debo hacerlo mejor.

Escribo todo esto por honestidad, y por si alguna madre o padre por ahí me entiende. Y leyendo esto se siente algo menos solo 🙂 como me ha pasado a mí al escribirlo ;-). Así lo espero.

Pepa

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Natalia y su poesía

La vida es extraña, y a veces las palabras y las emociones no surgen en días, pero otras veces como esta semana llegan a borbotones.

Acabo de descubrir otro de esos blogs que me sale del alma difundir desde aquí. Algunos de los blogs a los que les he dedicado una entrada hasta ahora, como el de Principia Marsupia o el de Kurioso los incluí por la curiosidad e inteligencia que hallé en sus textos.

En el de hoy he encontrado poesía. Y magia. Y luz.

Empezando por su nombre: «Puntos suspendidos«.

Siguiendo por videos como éste, que para mí al menos es como una de esas grandes historias de amor de las películas ;-). Juzgad vosotros mismos:

Por no mencionar que ha sido encontrar un espacio donde están algunos de mis referentes literarios principales: Benedetti, Gonzalez, Gabo…Referentes no sólo de escritores, sino de vivencias.

Pero, sobre todo, reconozco que me han emocionado los poemas que hay en el blog y los textos para su padre. Ella habla de algo que nunca antes vi escrito y que para mí encierra una de las vivencias más radicales de mi vida: el azul de los cielos de las tardes de hospital. Ese azul encierra muchas cosas para mí.

Recuerdo mirar el cielo a través de la ventana del hospital, hace ya muchos años cuando estuve ingresada y pensar «la vida está ahí fuera, y yo aquí dentro, fuera de la vida, y yo quiero volver a ella». Tuve suerte porque volví.

Recuerdo escuchar la música de los violoncellos de Bach mientras aferraba la mano de mi madre, y años después la de mi padre, mientras ellos encontraban el camino a su otra vida. Y mirar por la ventana, y sentir el azul paralizado. Y salir a la calle y esa herida cruel de la vida que no se para cuando tu corazón sí lo ha hecho, y tu vida con él.

Recuerdo el azul del mar que vi al aterrizar en la isla donde uno de mis mejores amigos, una de esas almas gemelas que la vida te regala, luchaba por volver a la vida tras un ictus cerebral. El mismo ictus que a los pocos meses se llevó por delante a otro amigo mío con la misma edad, 28 años.

Nati habla de los ictus, y los hospitales, y la reconquista a dentelladas de la vida, y las sillas de ruedas y los teléfonos y las carreteras de ida y vuelta…y tanto y tanto y tanto…Cosas de la vida, la he leído el mismo día que he desayunado con ese amigo que venció la batalla y que sigue paladeando su segunda vida.

Pero no habla sólo de eso. Habla de Etiopía, de Palestina, del lenguaje sin palabras, del amor…

Lo más curioso es que Nati, la autora del blog, y yo trabajamos en la misma organización, en Save the Children, durante años. Ella sigue allí de hecho. Y hasta hace muy poco, hasta los milagros del twiter 😉 yo sólo conocía de ella su trabajo y unas cuantas sonrisas cómplices. ¡Cuánto pasillo desaprovechado!

Espero que leer «Puntos suspendidos» os regale una mínima parte de lo que me han dado a mí estas horas devorando sus textos. He entrado a ver una de sus entradas y ya no he podido soltar el blog hasta leerlas todas.

Gracias de corazón, Nati.
Pepa

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Contar nuestra dignidad

No soy periodista, pero creo que es obligado ver este documental «Oxígeno para vivir» realizado por TVE en homenaje a Enrique Meneses, recientemente fallecido.

Obligado porque no habla sólo de una forma de ejercer el periodismo, que también, ni sólo de una forma de vivir y de estar (y de irse), que por supuesto. ¡Cómo me recuerda Enrique en cierto modo a mi padre, a pesar de que defendieron ideas tan radicalmente contrarias!. Y cuánto se echa de menos gentes públicas de ese nivel.

Pero lo recomiendo sobre todo por dos motivos. Porque es un viaje por nuestra vida. El primer reportaje de Meneses es de 1947 y habla de episodios y guerras que han formado parte de nuestras vidas. Y porque habla de su dignidad, que acaba siendo en cierto modo nuestra dignidad, la de todos, la de nuestra sociedad, la que nos hace humanos. Ese bien preciado y extraño que se pone en juego a dentelladas muchas más veces de las que queremos creer.

La conversación de Meneses con su hija es de una honestidad brutal, y da coherencia al documental. Trasmitir una forma de ver el mundo, la tuya, tan rica en matices y tan limitada y dolorosa en otros, y asumir las consecuencias. Por no hablar del arpa en la quimioterapia. O de la visita a Leguineche. O de tantos otros detalles…

Vedlo, y luego me decís.

Un abrazo,
Pepa

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Presentación de «Un mapa del mundo afectivo: el viaje de la violencia al buen trato» en Zaragoza el lunes 21 de Enero

Pues siguiendo con las buenas tradiciones y manteniendo los lazos con mis ancestros y mis presentes, os envío la información de la presentación de mi nuevo libro «Un mapa del mundo afectivo: el viaje de la violencia al buen trato» en Zaragoza. Será el lunes 21 de enero a las 20h. en el forum de la Fnac de Plaza España.

Presentar un libro en tu ciudad tiene siempre algo de especial. Me encantaría que viniérais. Prometo que la conversación con Daniel Gabarró será todo menos aburrida 😉 Y si queréis difundirlo, os lo agradecería.

Un abrazo,
Pepa

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