Pepa Horno Goicoechea

Pepa Horno Goicoechea

alas y cimas

Esta semana me han llegado dos películas conmovedoras por motivos muy diferentes, pero ambas quiero recomendarlas:

«Las alas de la vida».

A la derecha en la parte de multimedia o descargas, encontraréis el trailer. Son 15 minutos, por favor, vedlos.

Os dejo sólo una de las frases del protagonista, un médico de 47 años que se sabe muriéndose de una enfermedad neurológica degenerativa:

«A todos nos quitarán todo, no nos llevaremos nada, sólo dejaremos lo hecho para los demás, es nuestra única forma de trascendencia»

La segunda es «La última cima», aún en los cines. La historia de Pablo Dominguez, digna de verse también sean cuales sean tus creencias: www.laultimacima.com.

Pepa

Trazos y luz

Hay lugares en los que reconoces parte de tu alma en sus esquinas, y me gusta sentirlo. Me gusta sentir que lo mejor es volver a tu hogar después de viajar por el mundo, para saber que no te quedas en él porque toque, porque es donde creciste sino porque lo elijes, lo elijes con el alma, con el corazón y con conocimiento de causa!. Y me parece un privilegio sentir que por el camino, en este viaje que es la vida en sí misma, vas ganando trazos y dejando memorias, vas ganando afectos y dejando pedazos de ti.

Y es que estos días además he tenido más claro si cabe que el amor merece ser cuidado, mimado, protegido, que es muy fácil herir y destruir lo que lleva años construir y que hay puentes que hay que preservar contra los vientos (a veces los huracanes interiores) para poderte reconocer a ti misma al mirarte.

Incluyo una cita del libro que estoy leyendo ahora mismo («Mil días en venecia», de Marlena de Blassi) junto al mar, porque no tiene desperdicio:

«cogeme de la mano y rejuvenece conmigo, no corras, no duermas, comienza desde el principio, enciende las velas, manten el fuego encendido, atrevete a amar a alguien, dite la verdad, mantente en éxtasis»

Pepa

Aprendiendo al cumplir los 37

Algunos aprendizajes que quiero compartir para celebrar mi 37 cumpleaños:

El camino hacia tu propio corazón es a veces el más largo de los caminos. Y los ojos de quienes te quieren el mejor de los atajos.

Vivir con plena consciencia cada detalle, siempre permanecen el brillo del sol en las hojas de los árboles y el color de los campos de trigo del principito.

Pedir en vez de exigir aquello que se necesita y desvincular amor y deber.

Amarte lo suficiente para mostrarte sin miedo.

Honrar a quienes te amaron, mirandolos con compasión.

Honrarte a ti misma, tus propios dolores y tus alegrías, dándoles el tiempo y el espacio que merecen.

La piel tiene su propia memoria y el alma sus propios tiempos. Y ambos merecen ser acariciados.

…Un tiempo para bailar, un tiempo para reír, un tiempo para acariciar, un tiempo para celebrar…

Los colores de la vida que ves a través de los ojos de tu hijo.

Reverenciar la vida dejándose en ella.

Y sigo en mis trece 🙂 el valor, la alegría y el amor como opciones de vida.

Y para acabar un video que me enviaron ayer y que es sencillamente impagable.

el otro significado de la guerra

No puedo dejar de hacerme eco de este video que me ha llegado hoy:

Ojalá el dolor sanara las almas, pero a menudo las hiela. Porque al final siempre es lo mismo: no se trata de lo que vives, sino de cómo lo vives. Ése es nuestro único margen de libertad real: elegir el modo de afrontar lo que la vida nos da.

Pepa

caminar hacia mi piel

Caminar hacia mi piel está significando para mí…

…elegir el camino que la vida trazó para mí,
saltar el vacío pertrechada tan sólo de fe,
acompasar tus pasos en un baile intuido
del que todos formamos parte,
llegar al alma de otro a través de sus caricias,
y percibir su energía sin llegar a tocarla,
no caminar los pasos de otros ni por otros,
sentir que tal cual eres, tal cual estás, estás bien
y que al final, en el fondo, el único puente es el amor…

Es mi forma de dar las gracias: a mi hijo por ponerme en camino, mi homenaje a Rolando Toro el día de su muerte por el bien que la biodanza ha traído a mi vida, pocas vidas dejan un legado igual, a Joan y Gerardo por sumergirme en mi propia constelación, a mis compañeros de camino en nochevieja y a Nacho por enseñarme la luz del universo.

Diferentes caminos, pero todos llevan a la piel.
Pepa

tiempos del alma

Lo dicen los que saben de energías, de almas y otros varios 🙂 el tiempo del alma es más lento, sosegado que el del cuerpo y mucho más que el del mundo que hemos creado, pero hasta ahora pocas veces lo había experiementado con tanta nitidez.

Sabía de la memoria del alma, esa la conozco desde niña. Las huellas y los relatos que nuestra alma cuenta a nuestro corazón y que son las que nos hacen elegir y amar, optar y acercarnos o salir huyendo incluso, sin que sepamos muy bien por qué, pero sintiendo que nos lo pide la piel.

Sabía del cansancio del alma, también hace mucho. Esa sensación de correr y no llegar, de que la vida pesa demasiado sobre tus hombros, de las melancolias que forman parte de ti, los huecos y vacíos por los que corre el viento frío a ratos.

Sabía que las heridas de alma tardan una vida en curar, si es que curan, y los amores de alma, aunque duren horas, días o semanas, permanecen hasta el último aliento.

Lo que no sabía es que en vez de vivir dejando atrás tu alma se puede vivir con ella a flor de piel, con plena consciencia de cada detalle desde tu despertar: de la voz de tu hijo llamándote desde su cama, del frío en los pies al salir de la tuya, del calor y el olor que desprende su pequeño cuerpo al abrazarle y cobijarle para que despierte del todo, del placer de caminar al cole cantando juntos en vez de abrazarse fuerte y rápido para llegar a tiempo al resto de la vida o ese segundo café ya sentada al ordenador y mirando por tu ventana o tantas otras cosas.

Como cuando acaricias otro cuerpo haciendo el amor. Sólo que esta vez es el tuyo, y apenas lo reconoces, y cuando acercas tu mano, poco a poco, respirando profundo, allí, a unos centímetros de tu piel está tu alma aterida. Y cuando la sientes entrar en calor, es como si una nueva luz hubiera entrado de lleno en tu casa. Y sonríes. No puedes parar de sonreír.

in the light of love

He aquí la melodía de mi largo y conmovido agradecimiento a este comienzo de año.

La melodía que me recordará siempre que la vida te da lo que necesitas, no lo que quieres.

Fiarse de la vida y dejarse en ella es el único camino. El único al menos que conozco ya.

Pepa

Comentarios 1 comentario que agradezco

punto y aparte

Hay momentos clave en la vida, instantes en que decides y marcas un futuro, momentos que, de tan imaginados, parece imposible que lleguen a ser reales, como mi marcha de save, y otros que son tan reales que no puedes imaginar siquiera que no ocurrieran, como la llegada de mi hijo.

Esta semana que empieza es mi última semana trabajando en Save the Children cuando se cumplen justo once años de mi llegada a la organización. El último mes lo he vivido metida en una vorágine que me permitiera cerrar bien esta etapa y construir al mismo tiempo un futuro que tomó la forma de una espiral una vez más (www.espiralesci.es) y esta semana tengo todavía varios actos públicos que me van a hacer correr hasta el último minuto.

Para mí es una secuencia lógica la de esta espiral, es seguir trabajando en aquello que sé y por lo que he dado mi vida profesional, pero hacerlo desde otra mirada y otro lugar.

He dado lo mejor de mí y he recibido regalos que ni siquiera pude imaginar cuando dije sí a la oferta de coordinar la campaña «Educa, no pegues».

Pienso el trabajo para la erradicación del castigo físico a los niños y niñas en las familias: la reforma legal en España, en los talleres desde los pueblos más pequeños de España hasta el otro lado del mundo, en el Estudio de Naciones Unidas sobre violencia contra la infancia. Pienso en el trabajo de prevención del abuso sexual infantil, la formación de profesionales, la elaboración de protocolos de actuación en todos los ámbitos, las reformas legales realizadas en España sobre ponografía infantil, trata de menores, delitos contra la libertad sexual, las medidas de protección de los menores víctimas o testigos de un delito en el procedimiento judicial. Pienso en la investigación sobre la atención a los niños y niñas víctimas de violencia de género, la formación y la sensibilización para visibilizarlos como víctimas de esa violencia. Pienso en las mil entrevistas en medios de comunicación, los informes, las ponencias, los viajes con mil escalas para exprimir los recursos y el tiempo, los congresos, las reuniones, los grupos de trabajo técnicos y políticos…y al final creo que son batallas que valen una vida profesional.

Recuerdo a todas las personas que me dieron la primera oportunidad, que confiaron en mí, y a las que me abrieron su corazón. He conocido a personas que me han enseñado otra forma de mirar el mundo a través de sus ojos, gentes en los talleres y fuera de ellos en todo el mundo que me abrieron su corazón y compartieron conmigo experiencias de dolor difícilmente narrables. Sus rostros y sus relatos siguen siendo mi mejor argumento. Y recuerdo a las que me retaron, me obligaron a ser mejor profesional, a reconocer mis errores y aprender de ellos, a justificar mejor mis posturas y a trabajar en equipo.

He visto cómo la valía profesional y la honestidad personal han de ir necesariamente unidas para producir cambios significativos y perdurables. He comprendido que la política forma parte de todos y cada uno de los niveles de nuestro quehacer diario y que un buen político, en el sentido de una persona con visión, humildad y legitimidad, no tiene precio y cambia el mundo, muchos pequeños mundos que hacen nuestro mundo.

He aprendido que los caminos son siempre demasiado largos, sobre todo cuando debes hacerlos compatibles con la impotencia ante el sufrimiento de la gente y que los cambios reales llegan siempre a través del corazón y después de muchos desiertos, llegan casi ya inesperados. Ahora sé que lo que una cree el final de un proceso no es sino un paso de otro mucho más ambicioso, y que en el trabajo como en la vida, la valentía para dar un paso, la tenacidad para no desfallecer y la humildad para saber retirarse y reconocer los errores son imprescindibles.

Siento paz. He dado lo mejor de mí y creo profundamente en el sentido de lo que hacemos. Como me dijo alguien recientemente «tener la oportunidad de trabajar en algo que te gusta y en lo que crees es un privilegio, elegirlo es un acto de valentía». No tengo palabras para agradecer suficiente estos once años. Y con eso me quedo y empiezo mañana mi particular cuenta atrás hacia este punto y aparte vital y laboral. Lo demás es también aprendizaje vital impagable.

responsabilidad

Por si alguien duda de que tenemos parte de responsabilidad y debemos ser parte de las soluciones.

Mi enhorabuena abrumada a la Fundación Márgenes y Vínculos por este trabajo.

ser madre, saberse madre, sentirse madre

Hay muchas cosas que no se cuentan sobre la maternidad. Llegues como llegues a ella. Aspectos que forman parte del relato intuido, tejido generación a generación, desde el que vamos construyendo nuestra identidad. Algo así como un alma común, que sólo llegas a atisbar en momentos de luz, de apertura y de entrega.

Nadie me dijo que llevaba tiempo saberse madre, llevaba tiempo, horas, minutos, tardes de parque, lavadoras, purés y peluches llegar a saberse madre. Ni que ese tiempo adquiría otra dimensión, en la que esa ilusión efímera, porque tampoco es real pero funciona, que tenías antes de marcar el paso de tu vida se desvanece y entras en un tiempo que no es el tuyo, porque el tuyo murió y el nuestro aún no ha llegado. Ni que habría momentos en que deseabas parar el tiempo, y otros que pasara tan deprisa que no pudieras ni vivirlo. Tantas cosas…

Pero, sobre todo, no sabía que llegaría un momento donde las fronteras de mi ser no estarían en mi piel sino en la suya, en el que miraría mi vida a través de sus ojos, y la vería cargada de otros colores, de otros brillos y otras penumbras. No sabía que yo también nacería de nuevo.