Pepa Horno Goicoechea

Pepa Horno Goicoechea

Amar y proteger

Llevo un tiempo siendo consciente de una diferencia que, poco a poco, crece en valor ante mis ojos. Por eso quiero compartirla, justo después de un fin de semana donde mi familia me la ha recordado desde sus propios ojos: la diferencia entre amar y proteger.

He comprendido que se puede amar a alguien con locura y al mismo tiempo no saber o no poder protegerle del daño. Pasa en parte porque tu propio dolor te impide ver ese daño, en parte porque no puedes ni imaginarlo, en parte porque no pones consciencia sobre ese daño. Y al contrario igual, se puede proteger al extremo a un niño y nunca llegar a amarlo, sino hacerlo porque es tu obligación.

Es posible crecer sintiéndose amada y al mismo tiempo desprotegida. Eso te lleva a vivir con miedo, siempre alerta, hasta el extremo de hacerlo insconscientemente, de forma natural. Construyes una vida desde el control, desde la soledad, desde el miedo a pedir ayuda y el convencimiento de que debes salir sola adelante. Derrumbar ese convencimiento es una tarea difícil. Aprender a mostrar tu vulnerabilidad, tu humanidad, a decir «no sé» o «ayúdame» lleva un tiempo, y a veces se te puede pasar la vida sin lograrlo. Encuentras tus muletas, tus ayudas, tus trucos que te dieron seguridad y al mismo tiempo se vuelven una trampa, porque deshacerte de ellas te enfrenta de nuevo a la soledad, y al miedo.

Proteger conlleva una consciencia, una opción. Hay que mantener los ojos abiertos, el corazón listo y receptivo, escuchar y mirar muchas más horas de las que hablas, estar presente horas sin límite. No caer en la tentación de crear a su alrededor esa burbuja que necesitas para calmar tu ansiedad, pero que deja a nuestros hijos más a la intemperie si cabe. Aprender a dejarles caer pero estar cerca para que puedan levantarse, enseñarles a contactar con su propia historia personal, con sus propias «tripas» para que puedan reconocer y diferenciar las emociones, y legitimar las sensaciones corporales que les van a guiar cuando todo lo demás parezca confuso.

La paradoja es que para poder proteger a nuestros hijos debemos ser capaces de no tener miedo de nosotros mismos, de nuestras emociones, de nuestra impotencia, nuestra debilidad y nuestro ser a la intemperie. Y no todos queremos hacerlo. Al menos no siempre.

No basta con amar. Hay que hacer algo más, y ese algo comienza por nuestro interior, nuestra historia, nuestros miedos, nuestros dolores.

Porque al final descubres que sólo puedes enseñar a tu hijo a ser feliz siéndolo tú. Porque educas en lo que vives, y si no conoces la felicidad, la confianza o y el amor, no puedes darlos. Por eso la mejor inversión de amor es sanar tu propia historia para ser feliz. Porque siéndolo tu hijo aprenderá esa felicidad de ti.

Para mí estos meses están siendo una parada en el camino, un pasar página, un nuevo comienzo. El nuevo comienzo al que me llevó el camino que me hizo emprender mi hijo. Un camino de amor.

Pepa

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Un lugar de luz

Copio un extracto del último libro de Angeles Caso «Contra el viento», unas líneas que valen su peso en oro y que me acaban de reenviar (gracias, Ana). Porque lo suscribo hasta la coma, hasta lo intuido tan sólo entre líneas.

«Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila. También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.»

He llegado a un punto y aparte en mi vida, a un lugar diferente, un lugar de luz. El camino ha sido largo y me queda mucho trecho por andar, con nuevas sorpresas, bendiciones y dolores. Y al texto de Caso sólo le puedo añadir un deseo, el primero, mi primer deseo: que mi hijo se sepa y se sienta siempre amado. Lo demás vendrá por añadidura.

Pepa

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Parte del misterio

Esta entrada va a sorprender a muchos :-). O quizá no.

La vida es un misterio. Hoy han llegado a mí dos videos de dos autores de best sellers americanos. Reconozco que ya de por sí ese dato me genera un cierto recelo de partida. Pero los he visto. Mejor dicho, he empezado y ya no los he podido soltar. Y advierto de partida, el de Louis Hay dura una hora y veinte minutos (me ha parecido la peli mucho mejor que el libro), el de Dyer, aún mejor si cabe (un hombre que empieza una conferencia de dos horas citando a Castaneda y Plank juntos..mmm…), dura dos horas y media. Pero sinceramente, me parecen una inversión de vida.

Lo primero que me ha impresionado son las historias de sus protagonistas, tanto Hay como Dyer son ejemplos de resiliencia increíbles. Historias vitales que ponen los pelos de punta que han reconvertido en ayudar a los demás de un modo impagable, infinito.

Segundo, no estoy de acuerdo con todo lo que dicen, especialmente cuando entran en el poder de la curación de enfermedades graves o con todo el componente religioso, en el que no entro. Pero hay cosas que todos deberíamos escuchar una vez en la vida. Y luego no olvidarlo.

Y os lo mando por una idea que ambos defienden y que yo creo cada día con más intensidad: «todo está conectado con todo, todos estamos conectados» Y esa red es una red de amor, de creación.

Y como modo de abrir el apetito para que os arriesguéis a ver los dos videos 😉 copio más abajo algunas cosas.

Pepa

EL PODER DE LA INTENCIÓN Wayne Dyer

Cuando cambias tu forma de mirar las cosas, aunque estés ciego, las cosas que miras, cambian.
El perdón es el aroma que deja la violeta en la suela de la bota que la pisó.
Las caras de la intención:
1. Creatividad (vivir con un propósito, referencia a la Muerte de Ivan de Tolstoi)
2. Bondad (creadora de serotonina)
3. Amor (amor en acción)
4. Belleza (alegría) Vende tu inteligencia y compra sorpresas
5. Expansión (aprender a pensar, snetir y sonar como la fuente, todo lo demás son detalles)
6. Abundancia
7. Receptividad (estás dispuesto a recibir? Me llega exactamente lo que necesito, la confabulación del universo contigo)

Las reglas que Dyer da al final no tienen desperdicio:
1. Quiere para los demás más de aquello que quieres para ti (os suena de algo? ;-))
2. Certeza y constancia: Comienza a pensar por el final. Visualiza lo que quieres y deseas tener al final del camino, desde la certeza de que lo que quieres ya está aquí, no te puede ser negado.
3. Aprende a valorar la vida. Mira siempre lo valioso, no lo negativo.
4. Mantente en armonía con la fuente de energía.
5. Pon consciencia en tus resistencias (lo que no sea amable, amoroso..) Aquello que pienses se hará real. Si piensa que no puedes, tienes razón, porque no podrás.
6. Contemplate a ti mismo rodeado de aquello justo que quieres lograr.
7. Comprende el arte de permitir. Las cosas, si estás conectado, fluyen. Abre el camino a que la energía pase a través de ti.
8. Practica la humildad radical. No eres tu cuerpo, ni tu mente, ni lo que tienes. Eres parte de un todo mucho más grande que tú.
9. Permanece en un estado constante de generosidad y gratitud.
10. Ten presente que nunca puedes solucionar un problema condenándolo. Aquello de lo que te avergüenzas no puedes solucionarlo.
11. Juega el partido, no te rajes por miedo.
12. Medita. es el modo de mantenerse en conexión.El silencio es lo único que no puedes dividir.

Y una frase brutal: «la felicidad es algo que se decide siempre antes de tiempo. Que me guste o no mi habitación no depende de cómo tiene puestos los muebles, sino de cómo ordeno mi mente»
«Todos los seres humanos vivimos en cuerpos que van a morir, pero actuamos como si eso no fuera a pasar»

TÚ PUEDES SANAR TU VIDA Louis L. Hay (éste lo he visto sin tomar notas :-(, por eso no añado nada debajo)

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Honrar la existencia en forma de caricias

Quiero empezar el año transcribiendo una cita del último libro que estoy leyendo, «Diez mujeres» de Marcela Serrano, una de esas escritoras a las que sigo la huella y que me atrevo a recomendaros.

Lo dice una de sus protagonistas, ya una anciana, y que habla de cómo al final de su vida lo que más echa de menos es el afecto, no el amor de pareja, ni el sexo, sino el afecto. Dice así:

«…El proyecto de esa mujer fue su nieto. Fue el que evitó la soledad final: la soledad de la piel. Nadie te toca. La gente no se anda tocando, con justa razón. Y el sexo es un recuerdo perdido. Das tu vida por un abrazo fuerte, por esa fuerza única que te sujeta, te contiene. O por ese cariño en el pelo para que te quedes dormida. A veces creo que sólo pido eso: una mano en el pelo antes de quedarme dormida para siempre.»

Honrar el alma, el ser, el corazón y el intelecto de otra persona a través de su piel, de su cuerpo. Recordar que acariciar forma parte de amar, sin connotación sexual o con ella. Honrar es más que aceptar, es reconover y valorar, y en cierto modo un camino hacia el amar.

Y llenar nuestra vida de ese «estar ahí» que gesta y mantiene el amor, de esa presencia física más allá de las pantallas, las distancias y los agobios, de llenar nuestra vida diaria de caricias, algunas más sutiles pero la mayoría cuanto más obvias, mejor 🙂

Y para los que no veis el blog de espirales, un último video que quizá os guste, esperando no pecar de pesada 🙂 http://www.espiralesci.es/blog/video-de-pepa-horno-la-violencia-emocional-esta-en-nuestra-forma-de-relacionarnos/

Os deseo a cada uno de los y las que me leéis que recibáis cada día un abrazo que honre vuestra existencia,
Pepa

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Hilos tejidos en las tecnologías como regalos para el 2012

Se acaba 2011. Empieza 2012. Sigue la vida, parte zarpazo y parte caricia.

Os voy a contar una historia. Una historia de tecnologías, de vida, gozo, maternidades y paternidades, dolor y fe. Porque de todo eso ha habido a raudales en mi 2011, y lo seguirá habiendo en el 2012. Porque hay consciencia. Y siguen mis opciones: amor, alegría y valor.

Os cuento que he sucumbido a la tentación del twiter. Veremos si duro, si me engancho, si me vuelvo adicta o…Estoy con mi nombre @pepahorno, porque es la única forma en que sé estar en los sitios, los pseudónimos se me dan mal. Me han convencido, y ahi estoy. He pensado que era una curiosa «casi última» decisión del año. Un puente más tendido.

Y es que en el twiter de Begoña Oro, que escribe con un pseudónimo genial, que no desvelo salvo para aquellos que quieran buscarla en la red, me llegó el enlace al Blog de Sergio del Molino y en él, a un escritor que me ha dejado boquiabierta y al relato más honesto y estremecedor que he leído nunca del dolor que supone la muerte de un hijo.

Así que me permito escogerles a ellos como mi regalo de año nuevo para vosotros. Son dos buenos ejemplos de lo que las estepas aragonesas son capaces de dar de sí. Esas estepas que son también en parte mis estepas. Y si quieréis saber por qué los escojo, Begoña Oro con y sin pseudónimo, Sergio del Molino sin él, leed tan sólo estas entradas en ellos:

En el blog de Begoña Oro: http://elblogdelaoro.blogspot.com/2011/12/pelos-en-las-orejas.html

Y en el de Sergio del Molino, leed: http://sergiodelmolino.com/tag/pablo/

y luego, cuando podáis cerrar la boca y encajar el puñetazo en el estómago de ese Dolor con mayúsculas sin comparación posible, comprad su último libro, como hice yo, «El restaurante favorito de Nina Hagen« y veréis lo que hay detrás.

Esta es mi historia para acabar el año: la de los hilos que nunca acaban, que nunca se rompen, que continúan a éste y al otro lado, que nunca cejan dentro y fuera de las tecnologías…esos hilos que avanzan en espirales, y desde los también por eso creamos Espirales .

Y para acabar, estos días he releído las entradas en este blog desde que lo comencé, y me ha llegado un regalo inesperado. Una de las primeras entradas se llamaba «Diez palabras que añoro«. Hablaba de las palabras que echaba de menos en las conversaciones con mi gente pero también en los periódicos o en las tertulias o en el trabajo. Mi regalo ha sido darme cuenta de que ya no puedo decir que las añoro más que en la vida pública, porque ahora, dos años después, casi diría que son las que definen mi vida, así que aquí os las dejo:

duda
fragilidad
intemperie
magia
temblor
caricia
vulnerabilidad
gozo
alegría
dignidad

Gracias de corazón por estar ahi. Y os deseo un año lleno de mis diez palabras 😉

Pepa

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Mis referentes

El proyecto Referentes que hoy nos presenta Igaxes3 es uno de esos grandes ejemplos donde se lleva la dimensión afectiva a la intervención profesional, dándole forma a través de personas concretas con nombres y apellidos, personas que están dispuestas a una coherencia individual en lo personal, no sólo en lo profesional.

El programa propone a personas adultas, hombres y mujeres, en Galicia la posibilidad de ser referente en el proceso de emancipación de adolescentes que por distintos motivos han sido tutelados por el sistema de protección y que ahora, al hacerse adultos, comienzan una vida autónoma.

El sistema define que estos adolescentes son adultos al cumplir los 18 años y pasan de vivir bajo el amparo del sistema de protección a tener que defenderse autónomamente. Ser sus referentes no es una figura de acogimiento, no implica vivir con ellos, sino acompañarles en este camino de inserción laboral, social, afectiva…hacer que el vértigo que sienten con 18 años sea algo más llevadero con un café compartido, una comida casera y sobre todo un consejo a tiempo, una orientación, un abrazo…un sentir que no están solos.

Acompañarles en ese proceso a través del programa Referentes de Igaxes3 (mirad la página y veréis) tomando un café con ellos, acosejándoles, guiándoles cuando lo pidan…de forma voluntaria, altruista, sólo porque crees en ellos y crees que éstas son las cosas que hacen que la vida merezca la pena.

Me pidieron en el mismo viaje que el video que compartí la semana pasada que contara cuál era mi referente afectivo para apoyar públicamente el programa. No tuve duda, como niña mi referente fue mi padrino, como adulta lo está siendo mi hijo. Ambos se llaman José. Y este video es una pequeña forma de honrarlos.

Os referentes de Pepa Horno from Igaxes3 on Vimeo.

Feliz Navidad, padrino, feliz vida, hijo. Feliz año para todos los que me leéis y gracias Carlos, Pedro…todos los que estáis detrás del programa Referentes.

Pepa

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Ser familia

Una de las cosas maravillosas que tiene mi trabajo es que te vas encontrando cada día motivos para la esperanza y para la fe (sin dar a esta palabra connotación religiosa alguna). Esos motivos te aparecen en forma de personas, de organizaciones, de rostros que se quedan grabados dentro de ti: personas que te escuchan en una conferencia y luego se acercan a ti y te cuentan su dolor, personas que creen en el trabajo bien hecho y ponen su alma en ello, personas que conciben que trabajando con personas la rigurosidad en los conocimientos, técnicas y metodologías no es negociable, pero tampoco lo es la humanidad, el trabajo con la propia historia personal, la vulnerabilidad y el reconocimiento de la propia impotencia. Conocer los propios límites y saber pedir ayuda forman parte de las habilidades necesarias para un buen profesional en el ámbito de protección.

Pues todo ello lo encuentro a diario, pero hoy quiero hacer desde aquí un homenaje particular a la gente de IGAXES3 con la que trabajé hace unas semanas, y a cuatro grandes hombres galegos (y al quinto ausente pero presente) que me llevaron a cenar en una noche lluviosa en Santiago. Vaya para ellos mi reconocimiento y mi agradecimiento. Por ser quienes son y como son, por estar donde están, por hacer lo que hacen, y por representar a toda esa gente que guardo en el alma y me recuerda a menudo que este trabajo nuestro es un privilegio, porque nos da la oportunidad de generar vida y esperanza además de, en algunas raras y preciadas ocasiones, devolver la memoria y la justicia a quienes no la tuvieron.

Comparto con vosotros un video que me grabaron en ese último viaje, en el que me preguntaron qué hacía falta para ser familia de un niño o niña. Era un día en que estaba agotada, llevaba ocho o nueve talleres seguidos en dos semanas, pero si os olvidáis de mi mirada cansada, creo que os gustará. Aún hay otro video en el que hablo también de nuestra profesión, pero ése os dejo a vosotros la opción de si queréis buscarlo.

Pepa

Pepa Horno: para ser pai ou nai hai que vencer o medo from Igaxes3 on Vimeo.

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Mi / nuestro universo

De alguna manera extraña mi vida parece poco a poco ir encajando como las piezas de un puzzle extraño y hermoso. Es como si mi piel vibrara con la risa de mi hijo, con una canción, con la luna o la brisa o el sol en la espalda, con un baile o una caricia, con la energía de enfadarme, con la palabra justa en una conferencia, con el mail agradecido y bendecido…

Así que esta noche quiero compartir dos regalos que hablan del universo, del que me regaló mi hijo, del que compartimos todos.

El primero es un relato que me han enviado desde Colombia, mencionado por William Ospina y que se llama EL UNIVERSO EN LA BOCA DE UN NIÑO. Aquí va:

«Cuenta la tradición que un día en que Krishna, de ocho años, jugaba con otros niños, uno de sus hermanos buscó a la madre y le contó que el pequeño estaba comiendo tierra.

La madre, indignada, buscó a Krishna y le dijo:“¿Es verdad que estás comiendo porquerías?”. El niño, con cara de inocencia, le respondió: “No es verdad. No he comido nada”. “Tu hermano me ha dicho que estabas comiendo tierra”. “Es mentira”, dijo Krishna. “Muéstrame la boca”, dijo entonces la madre.

Y el niño abrió la boca. Su madre se asomó a la boca de Krishna y vio primero las montañas, y en ellas los bosques. Después vio las ciudades y el mar y las tempestades, y más allá vio la Luna y el Sol y las estrellas, vio los tres firmamentos, y el enjambre infinito de los mundos, y sintió vértigo, porque en la boca de Krishna estaba el universo.

Allí comprendió con terror que su hijo era un dios. El niño cerró la boca, y sonrió en su cara bellísima, y la madre olvidó lo que había visto, porque sólo olvidando podía seguir siendo la madre de aquel niño¨

El segundo me llega de Zaragoza y es el reflejo del universo que conocemos, alucinante. Una reconstrucción realizada por el Museo Americano de Historia Natural a una escala difícil de imaginar y basada en datos reales:

Espero que os gusten tanto como a mí.

Gracias por estar ahí, al otro lado.
Pepa

La varicela de los peces

Tengo unos amigos cuyos peces acaban de pasar la varicela. Mi cara de asombro al escuchar que tal cosa existía no tuvo desperdicio. Incluso aún más al escuchar su relato sobre lo que han tenido que hacer para curarlos. Y es que mis amigos me recuerdan día a día la dignidad, el amor y la belleza que se encuentran en las pequeñas cosas.

Después de escucharles pensaba que hay que albergar mucho amor en tu corazón para dedicarle tanto esfuerzo y ternura a unos peces, y una tortuga, y unas ranas y…

Y no hablo sólo de las personas que aman a los animales. Hablo de una actitud. Una actitud que tiene que ver con ser capaz de mirar, con el asombro arrobado que te causa la vida cuando sabes mirarla, del vértigo que te provoca, de ese cosquilleo del sol de invierno en la cara, o la luna que contemplan dos personas al mismo tiempo…de las cosas que hacen que merezca la pena.

Hace falta mucho amor para curar tanto a los animales como a las personas. Y tampoco en este caso hablo sólo de los médicos (que también). El mismo amor que nos hace falta para sanar. Este fin de semana me han/he recordado el difícil y necesario equilibrio entre amarse a uno mismo y amar a los demás. Demasiado amor a uno mismo imposibilita la entrega, demasiada entrega sólo es posible a costa de uno mismo. Ese equilibrio tan sútil, tan difícil y pleno de sentido.

Como los peces. Ni demasiado juntos, ni solos. Nunca demasiada comida, pero alimentarlos. Agua dulce, agua salada…

Como dice mi hijo «hay que saber mirar bien para recordar bien». Es un hombre sabio de casi cinco años. Emplea largas horas en mirar hormigueros.

Pepa

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