Este verano me ha dado para leer largo. Y eso en estos años de madre se ha vuelto un privilegio para mi. El placer de una buena novela, de esas que cuando acabas te da pena, porque los personajes y la historia han tomado vida y los sientes como si flotaran a tu alrededor y te gustaría saber que es de ellos después…en fin, esa sensación me encanta.
Así que voy a recomendar dos. Ha habido otros que me han gustado mucho («La isla de las mariposas», » El libro de mi destino», «Veinte años, Inés» o «Las tres bodas de Manolita» entre otros) pero me quedo con dos. Uno que leí antes del verano y he vuelto a leer y he regalado varias veces: «Hierba Mora» de Teresa Moure, y otro del que me habían hablado largo y por fin pude leerme «El lenguaje de las flores» de Vanessa Diffenbaugh. Vaya desde aquí mi recomendación ferviente 😉
Pero quiero copiar aquí una cita que incluye Daniel J. Siegel en su libro «Tormenta cerebral», el único libro de temas de trabajo que me he leído (intento siempre leer sólo literatura durante las vacaciones). La cita me ha parecido que no tiene desperdicio, como muchas otras cosas del libro. Habla de lo que es tener éxito en la vida y dice así:
«ÉXITO
Reír a menudo y amar mucho;
Ganar el respeto de personas inteligentes y el afecto de los niños;
Lograr la aprobación de críticos sinceros y soportar la traición de los falsos amigos;
Apreciar la belleza;
Ver lo mejor de los otros;
Darse uno mismo;
Dejar un mundo un poco mejor, bien a través de un hijo sano, un jardín o la solución a un problema social;
Haber jugado y reído con entusiasmo y cantado con júbilo;
Saber que al menos una vida ha sido mejor porque tu has vivido;
Eso es haber tenido éxito.»
Bessie Anderson Stanley
Las soluciones para el mundo mejor podrían ser muchas más, pero no deja de ser curioso las que elige, y me encanta que la risa y el júbilo aparezcan multiplicados. Mi madre hablaba siempre del GOZO, una palabra que forma parte de mi ser más profundo.
Y la copio por muchas cosas, pero sobre todo porque estos días he podido estar en la despedida amorosa e increíble a un hombre para el que este poema se queda corto. No fue una la vida que fue mejor gracias a el, sino muchas. Gestó una red de amor que convirtió la vida de muchos en un privilegio, y en especial la de su familia, que también siento como mía. Sostuvo, aconsejo, acompaño, amo. Y lo hizo con amorosos e inteligentes detalles, con su mirada clara y directa, con ese tiempo que te hacia sentir que se detenía cuando te lo dedicaba a ti. Mi hijo y yo fuimos una pequeñita parte afortunada de ese gozo. Tal y como dibujó José a su tío Fran, le ha recibido un arco iris.
Pepa

