Hay una imagen que se repite en mi vida y que recientemente me han recordado. Soy yo, desde muy niña, sentada en una silla esperando. Esperando a que me elijan: para un trabajo, para un equipo, para salir a bailar o para la vida. Esa actitud de quedarte sentada esperando ser vista y sobre todo ser elegida. Hasta que un día decides que eso no va a pasar y sales a bailar sola, creas tus propios equipos, crias sola y creas una vida propia y buena.
Ser invisible o sentirte invisible o hacerte invisible, probablemente un poco de cada. Y se puede crear una capa de invisibilidad tejida de quietud y silencio, pero se puede crear una mágica tejida de movimiento, éxito, amistad y cuidado.
Porque la tercera opción sientes que no cabe, que a ti no te corresponde. La opción de ser tú quién saca a bailar, tú quién forma el equipo para jugar a basket o tú quién elige compañeros de camino. Se trata de mostrarse valiosa, hacerse necesaria y así poco a poco te ven. Y paradójicamente (o quizá no tanto) acabas teniendo una profesión pública, hablas ante cientos de personas que te miran y te ven. Acabas teniendo una red de amistad que excede lo que nunca imaginaste, pero te cuesta dejar ver esa parte más frágil, más íntima, más vulnerable. Y ahí, de nuevo, vuelves a tu edificio, y te quedas quieta y callada esperando que se den cuenta de que los necesitas, esperando que te vean y te elijan.
Levantarse por otros, para proteger, para defender, para ser leona de quienes amas, es fácil, pero hacerlo para sacar a bailar a alguien, hacerlo por ti es mucho más difícil. Al menos para mí lo es.

Y recuerdo a las mujeres pequeñas y valientes que han pasado toda una vida invisibles, sentadas en sillas al sol. Tejiendo para otros, viviendo para otros y cómo también ellas pueden aprender a bailar solas y acompañadas.
En mi caso al final es ahora, a mitad de la vida, cuando empiezo a sentirme vista incluso en la fragilidad, elegida incluso en la pequeñez, cuando he aprendido a pedir ayuda y a no permanecer callada. Ha sido todo un camino y esta semana me han recordado que aún me queda una parte sutil y difícil de recorrer de ese camino. Pero estoy en ello. Eso es lo que me está pasando por dentro, le hubiera contestado a un amigo que me preguntó esta semana qué me estaba pasando por dentro dando forma a un piropo tan bonito como honesto. Piropo porque para hacerme esa pregunta necesitó verme. Y me sentí vista.
Estoy en ello. Y quería compartirlo por todos los que me leéis que hayáis tenido vuestras propias sillas.
Pepa
Té Veo compañera en éste viaje de la vida
Afortunada de compartir lo vulnerable, tierno y maravilloso
Doy gracias cada día de mi vida por bailar junto a ti.
Te quiero, Txus
Pepa