Pepa Horno Goicoechea

Pepa Horno Goicoechea

Quedarse sentada o levantarse

Hay una imagen que se repite en mi vida y que recientemente me han recordado. Soy yo, desde muy niña, sentada en una silla esperando. Esperando a que me elijan: para un trabajo, para un equipo, para salir a bailar o para la vida. Esa actitud de quedarte sentada esperando ser vista y sobre todo ser elegida. Hasta que un día decides que eso no va a pasar y sales a bailar sola, creas tus propios equipos, crias sola y creas una vida propia y buena.

Ser invisible o sentirte invisible o hacerte invisible, probablemente un poco de cada. Y se puede crear una capa de invisibilidad tejida de quietud y silencio, pero se puede crear una mágica tejida de movimiento, éxito, amistad y cuidado.

Porque la tercera opción sientes que no cabe, que a ti no te corresponde. La opción de ser tú quién saca a bailar, tú quién forma el equipo para jugar a basket o tú quién elige compañeros de camino. Se trata de mostrarse valiosa, hacerse necesaria y así poco a poco te ven. Y paradójicamente (o quizá no tanto) acabas teniendo una profesión pública, hablas ante cientos de personas que te miran y te ven. Acabas teniendo una red de amistad que excede lo que nunca imaginaste, pero te cuesta dejar ver esa parte más frágil, más íntima, más vulnerable. Y ahí, de nuevo, vuelves a tu edificio, y te quedas quieta y callada esperando que se den cuenta de que los necesitas, esperando que te vean y te elijan.

Levantarse por otros, para proteger, para defender, para ser leona de quienes amas, es fácil, pero hacerlo para sacar a bailar a alguien, hacerlo por ti es mucho más difícil. Al menos para mí lo es.

Y recuerdo a las mujeres pequeñas y valientes que han pasado toda una vida invisibles, sentadas en sillas al sol. Tejiendo para otros, viviendo para otros y cómo también ellas pueden aprender a bailar solas y acompañadas.

En mi caso al final es ahora, a mitad de la vida, cuando empiezo a sentirme vista incluso en la fragilidad, elegida incluso en la pequeñez, cuando he aprendido a pedir ayuda y a no permanecer callada. Ha sido todo un camino y esta semana me han recordado que aún me queda una parte sutil y difícil de recorrer de ese camino. Pero estoy en ello. Eso es lo que me está pasando por dentro, le hubiera contestado a un amigo que me preguntó esta semana qué me estaba pasando por dentro dando forma a un piropo tan bonito como honesto. Piropo porque para hacerme esa pregunta necesitó verme. Y me sentí vista.

Estoy en ello. Y quería compartirlo por todos los que me leéis que hayáis tenido vuestras propias sillas.
Pepa


4 comentarios a “Quedarse sentada o levantarse”

  1. Té Veo compañera en éste viaje de la vida
    Afortunada de compartir lo vulnerable, tierno y maravilloso

  2. Qué fácil es verse en esa silla.
    Muchas hemos pasado años esperando sin saber que también podíamos escoger. Aprendimos a estar para todo el mundo, a sostener, a proteger, a cuidar… pero no a decir “yo quiero”. ..
    Lo más difícil no es salir al mundo (eso lo hacemos bien) , sino permitir que alguien entre cuando dejamos la armadura en el perchero.
    Y cuando por fin salimos a la vida y funcionamos, casi cuesta más dejar que alguien nos vea por dentro que hacer mil cosas hacia fuera.
    Mostrarse fuerte es sencillo; dejarse cuidar no tanto…

    Qué bonito que alguien te preguntase qué te pasa por dentro.
    A veces no necesitamos grandes discursos, solo una mirada que no pase de largo.

    Pepa, admiro tu honestidad al compartir.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *