Pepa Horno Goicoechea

Pepa Horno Goicoechea

La memoria del amor

Hoy era el cumpleaños de mi padrino, Don José Galindo. Me sale seguir llamándole de «don». Alguien que fue refugio en mi vida, que jamás me abandonó. Alguien que era capaz de levantarme del suelo con sus abrazos. Alguien que me decía al despedirme una y otra vez cuando yo dudaba: «no estás loca, Pepa». Alguien a quien recuerdo besando la mano de Elena, su mujer, durante horas mientras ella moría. Ellos dos siempre fueron mi excepción.

Los aniversarios son días de memoria de amor. Tanto los cumpleaños como los aniversarios de muerte. La vida y la muerte unidas en el amor. Es esa huella que queda en la piel y se despierta con olores, sabores o canciones.

Esta semana ha sido el aniversario del padre de alguien a quien quiero a mares, de la madre del padrino de mi hijo y de mi propio padrino. Y es que, cuando amas, llega un momento que el alma vive dividida, una parte de ti está aquí y otra no. Y conforme nos hacemos mayores, el sentido de esa balanza va cambiando.

Puedes sentir que alguien a quien no conociste está contigo, puedes honrar el valor de una vida al ponerte una camisa, puedes ver la pluma que sus hijos te regalaron y llorar de gratitud. Y con cada uno de esos pequeños detalles, cuando puedes vivirlos con consciencia, puedes narrarlos a alguien amado y puedes acariciarlos en tu piel, entonces surge la sonrisa conmovida, la mirada compasiva y el agradecimiento infinito. Todo eso es para mí memoria de amor.

Quienes nos precedieron, nos amaron y nos protegieron siguen en nuestra piel. Es la memoria corporal del amor. Porque no sólo existe la memoria corporal del trauma. Muy al contrario, la del amor nos constituye.

Tengo mucha gente amada a la que ya no puedo abrazar, pero que sigue en mi piel y desde mi piel me guía y me habla. Su memoria no me duele, al contrario, me cobija, pero la imposibilidad de abrazarles es algo a lo que no me acostumbro ni creo que pueda hacerlo nunca. Ambas vivencias son parte de mi piel.

La memoria de su amor abraza en mis abrazos, mira en mis ojos, tiembla en mi escalofrío. Como dicen en mi peli favorita: «ése es el trato».

Pepa


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