Ya pasó mi mes loco de mayo. Mañana acaba. Han sido nueve cursos en un mes, un record como hace tiempo. Y me doy cuenta de que mi cambio personal de los últimos años también se refleja, como no podía ser de otro modo, en los talleres que doy. Es como si la atmósfera que se creara fuera diferente, en parte porque yo hablo de otra forma, y en parte probablemente porque cada vez me muestro más.
Sea cual sea el motivo, el regalo es infinito. Porque entonces llegan talleres, personas, lugares que se te meten en el alma, en las «tripas» que tanto trabajo yo en los últimos años, las que configuran nuestra forma de estar en el mundo, de vivirlo y sentirlo. El otro día en Burlada o en Valladolid o en Donosti o en Ibiza hace unas semanas..lugares donde las personas me abren un pedacito de su corazón, y lo hacen en un contexto público y dando sentido a lo que yo hago. Gente que toma consciencia de algo nuevo en su vida o que narra su dolor, personas que encuentran una nueva mirada…Ahora lloramos mucho más en los talleres, yo la primera 😉 y abrazamos más. Sin que eso signifique perder un ápice de rigor en el contenido técnico.
Me sonrío para mis adentros pensando en mis miedos del principio, que creo que eran y son los de todo formador. Resumidos serían:
1. El tiempo vacío: que te quede tiempo del curso sin contenido preparado, de forma que acabas antes de la hora programada lo que llevas programado para el grupo. Se parece al vértigo de la página en blanco cuando tienes que escribir. Ahora pienso más en lo que quiero contar que en cuánto me va a costar contarlo, y siempre calculo menos tiempo para hablar del que hay disponible, de forma que me quede margen para poder conversar con la gente. Y sigo pensando que acabar un poquito antes es algo que siempre se agradece por muy interesante que sea el curso, sobre todo si son cursos intensivos y que remueven a la gente.
2. No saber contestar todas las preguntas. Ahora ya no lo intento. A menudo hay cosas a las que contesto «no sé», algunas poquitas a las que digo «prefiero no contestarte» y a muchas otras veces sólo escucho la respuesta que la misma persona acaba dándose después de conversar.
3. Que la gente no te quiera, no les gustes, no te entiendan, que son cosas diferentes pero que meto en un solo grupo porque son nuestra parte más íntima como formadores, la mía en concreto, esa parte que no suele tener cabida cuando decides aparentar fortaleza, seguridad y certeza.
Este mes muchas personas me han hecho un comentario en el que coinciden con mi entorno personal: que trasmito paz. Y es algo que antes no me ocurría. Me decían que trasmitía vehemencia, seguridad, apasionamiento…pero no paz. Para mí es un piropo impagable.
He viajado este mes sin parar por la geografía española, he corrido entre trenes, aviones y coche, y siempre con lluvia ;-). He abrazado a mi hijo al volver de cada curso o le he llevado conmigo, mientras cuadrábamos cole, deberes, su programa de estimulación o su función final de karate, entre otros. He tenido reuniones, entrevistas a familias.. Y es que, en medio de toda esa vorágine, he encontrado el modo de parar en cada instante, de vivir cada momento allá donde estaba. Así que ahora, cuando recupero la calma física además de espiritual y tengo por delante un mes de trabajo mucho más en casa, me vienen retazos de lo vivido, como si fueran un caleidoscopio, y reitero mi sensación de privilegio.
Me siento en paz, y eso me ha hecho mejor profesional. Cuanto más confío en la gente, más logro trasmitir. Cuanto más escucho, más fácil es reelaborar algunas ideas. Cuanto más esfuerzo pongo en convertir los contenidos en imágenes físicas que se puedan comprender, más adentro llegan.
Así que me toca seguir esforzándome. Es mi modo de honrar y agradecer desde aquí a la gente que me abre su alma en los talleres, y a quienes siguen confiando en mí al llamarme para darlos.
Y aunque pueda parecer que tiene poco que ver con el contenido de este post, no quiero acabar sin incluir este video. Es un resumen de un trabajo de Ramón Lobo sobre el Alzheimer. Se llama «Luz y memoria» y me pareció de una hermosura infinita. Me recordó a mi padre, que como ya conté en este blog murió de Alzheimer. Precisamente era un gran orador que dejaba a la gente boquiabierta en sus conferencias, clases y cursos por su sabiduría y por saber ser guía para mucha gente, sobre todo en su tierra, Zaragoza.
Así que por lo mucho que él me enseñó, y que en parte me llevó a mi carrera profesional, acabo este post con este video. Espero que os llegue tanto como a mí.
Pepa

