Recuerdo hace muchos años, no había cumplido los 30, cuando me tocó bajar al quirófano sin saber cómo iba a salir de allí. Recuerdo las semanas de espera que hablaba a mi gente de «la vida en blancos y negros». Les decía que la vida se vive en un arco iris, que hay infinidad de matices y colores, que puedes enviar el mismo sol cada día a alguien que amas desde el mismo lugar y cada día es diferente. Pero hay momentos en los que la vida te conduce a los blancos y negros. No hay término medio. Vives o mueres. La persona está o no está. Vuelas o caes. Cuando salí de aquel quirófano y me tocó volver al arco iris me costó. Hablaba a mi gente de los blancos y negros y no entendían bien de qué les hablaba y a mí me costaba creerme los colores, especialmente el azul y sus miles de matices.

Han pasado los años. Muchas de las personas que amo han vivido ya los blancos y negros y no necesito narrarlos. Vivo entre azules de cielos, mares y ojos amados. Pero sigo sin olvidar lo que aprendí en los blancos y negros.
Y por si se me ocurre olvidarlos, la vida de vez en cuando me sigue enviando una dosis de vida en blancos y negros. Estas últimas semanas, en realidad estos últimos meses, han aparecido más de lo que hubiera querido. Lo mejor y lo peor de la vida de la mano. El amor y la pérdida. La amistad y la agresión. El cuidado y el abandono. El vuelo en el camino del cielo que te lleva a encontrar a alguien amado y los caminos inesperados que no deseas andar.

De los blancos y negros aprendí algunas cosas que he vuelto a recordar estos meses y que quiero dejar aquí escritas.
Este es mi «decálogo del precipicio» cuando la vida te lleva, te empuja, te exige casi (es muy, muy insistente la vida a la hora de hacernos aprender) vencer el miedo y volar.
Aprendí que:
1. El amor ha de encarnarse y la presencia requiere caricia.
2. Somos desde la mirada del otro. Si no hay un otro, todo se vuelve desgarrador.
3. Existir es estar ahí. Esto me lo enseñó mi madre de su alemán (existir en alemán se dice dasein, que significa literalmente estar ahí) y lo recupero una y otra y otra vez.
4. La fortaleza sólo se construye desde el reconocimiento de la vulnerabilidad. Sólo mostrando nuestros miedos, nuestra fragilidad, pedimos ayuda. Y sólo desde la ayuda nos llega la fortaleza. «No soy yo el fuerte ni tú el fuerte, es el amor que nos une el que nos hace fuertes».
5. Hay momentos en los que estar o no estar lo cambia todo. Si pasan, no hay regreso. Hay ausencias que no se pueden arreglar.

6. Todos hacemos lo que podemos. El juicio no cabe y la compasión es guía de vida. Aunque al mismo tiempo haya que recordar una y otra vez que comprender no es justificar y que integrar el dolor pasa por la memoria, la verdad, la reparación y la justicia.
7. Confiar en la vida. Confiar. Confiar. Confiar. Y cuando no sabes, volver a confiar.
8. El amor es lo único que vence a la muerte. Somos polvo de estrellas y el hilo que nos une es amor.
9. El amor y el miedo son los dos grandes motores del ser humano. Toca elegir. Cada día, algunos más que otros.
10. La vida es bella y cruel. Si no aceptas las dos caras de la moneda, no puedes vivir. Lo mejor y lo peor. Pero a mínimo que mires, el asombro es infinito.
Y a este decálogo le sobrevuela en cada letra, entre líneas, la gratitud. Una gratitud conmovida e ilimitada. El asombro y la gratitud se quedaron desde los primeros blancos y negros que llegaron a mi vida mucho antes de aquel quirófano. Y que han vuelto, y de qué modo!, estos meses.
Gracias por estar aquí.
Pepa
Maravilloso decálogo de vida…si me permites, lo hago también ahora mío, para que me inspire cada día. Gracias 🫂
Claro que sí, lo comparto para eso. Y gracias por darle valor.
Abrazo grande, Diana.
Pepa
Blancos y negros resuenan en mi por qué poco conocía o permitía otros colores que consideraba irreales.Ahora vivos más colores y respeto y agradezco a todos por igual. Gracias por compartir por acompañarme desde la autenticidad y honestidad. Un abrazo grande
Gracias a ti por confiar en mí, Carol.
Abrazo grande